Las operaciones militares de la Segunda Guerra Mundial fueron campañas planificadas a gran escala que movilizaron enormes recursos humanos y materiales. Desde la Operación Barbarroja hasta la Operación Overlord, estas acciones estratégicas definieron el curso del conflicto en todos los frentes. Detrás de cada gran batalla existió una operación con nombre en clave, un plan concebido en salas de estado mayor que determinó los objetivos, los plazos y los medios disponibles para alcanzarlos.
Las ofensivas del Eje marcaron la primera mitad de la guerra. La Operación Barbarroja, la mayor invasión terrestre de la historia, lanzó a más de tres millones de soldados alemanes contra la Unión Soviética en junio de 1941. Fall Blau buscó apoderarse de los campos petrolíferos del Cáucaso, mientras que la Operación León Marino planificó una invasión de Gran Bretaña que nunca llegó a ejecutarse. Cada una de estas campañas reveló tanto la ambición como los límites estratégicos del Tercer Reich y sus aliados.
Las ofensivas aliadas ganaron protagonismo a partir de 1942. La Operación Antorcha abrió el frente norteafricano, Overlord culminó con el desembarco de Normandía y Market Garden intentó un audaz avance aerotransportado por los Países Bajos. Operaciones como Bagration en el frente oriental destruyeron grupos de ejércitos enteros y aceleraron el colapso alemán.
Las operaciones encubiertas constituyeron un frente invisible pero decisivo. Planes de engaño como Fortitude y Mincemeat manipularon la inteligencia enemiga para ocultar los verdaderos objetivos aliados. Redes de sabotaje del SOE y la OSS operaron en la Europa ocupada, mientras que la Operación Valkiria representó el intento más serio de acabar con Hitler desde dentro del propio ejército alemán.
En esta sección se examina la planificación, ejecución y consecuencias de las operaciones más relevantes del conflicto.